ABEJAS Y LETRAS. Artículos de opinión con un toque literario.

ABEJAS Y LETRAS: Escritos desde el alma.

MIEL PASIONES

Jaquelyn Rosado Puerto

Desde tiempos inmemoriables se reconoce a la miel de abeja como símbolo de la fertilidad y de la abundancia. Era ofrecida en ceremonias en honor a los dioses, puesta en vasijas en la habitación nupcial de los recién unidos, como ingrediente de recetas afrodisíacas o aperitivas, de las cuales podemos mencionar el mulsum; que es una mezcla de cuatro partes de vino tinto con una de miel. También era utilizada como compuesto de fórmulas para conservar la belleza femenina. Se dice que Cleopatra tenía un secreto para volver locos a los hombres, que involucraba a la miel de abeja. Este secreto consistía en que, antes del amor, colocaba en su entrepierna un poco de miel con polvo de almendras. También la ocupaba para bañarse en tinas contenidas con leche de burra, y mantener así su piel suave y tersa. En tiempos de Ramsés II, al celebrarse la ceremonia nupcial, el esposo prometía a su mujer darle 12 recipientes con miel cada año. Los romanos también apreciaban el dorado néctar, y cuando volvían de batalla anhelaban dedicarse a cosechar de sus colmenas aquel bálsamo que sanaría sus heridas y endulzaría sus amargos momentos, aquellos que se viven cuando se está cerca de la muerte.

En la antología poética griega, un verso atribuido a Platón (427-347 a.C.) menciona: “Él yace entre las rosas que florecen sonrientes y sobre sus labios las rojizas abejas gotean su miel”, refiriéndose a Eros, dios de la atracción sexual y la fertilidad.

En el libro [i]El Cantar de los cantares[/i], se menciona en varias ocasiones al dulce néctar de las abejas como parte de los poemas dedicados al amor. El capítulo 4, versículo 11 cita: “Como panal de miel destilan tus labios, oh esposa; miel y leche hay debajo de tu lengua; y el olor de tus vestidos, como el olor del Líbano”. En el capítulo 5 versículo 1 se lee “Yo vine a mi huerto, ¡oh hermana, esposa mía!; he recogido mi mirra y mis aromas; he comido mi panal y mi miel, mi vino y mi leche he bebido…”. Una vez más, la miel simboliza la plenitud y la abundancia que se comparte con la pareja.

Antonio Machado (1875-1939) fue de los poetas que más mencionó a las abejas y la miel en sus obras. En su libro [i]Nuevas Canciones[/i] equipara el amor de los amantes con la actividad de las abejas: “colmenero es mi amante; Y, en su abejar, abejicas de oro vienen y van. De tu colmena, colmenero del alma, yo colmenera”.

En su [i]Canto de la miel[/i], Federico García Lorca (1898-1936) la refiere con sublimidad, venerándola en dulces letras poéticas. He aquí algunos fragmentos: “…La miel es la epopeya del amor, la materialidad de lo infinito. Alma y sangre doliente de las flores condensada a través de otro espíritu. ¡Oh divino licor de la humildad, sereno como un verso primitivo! Dulcísima. Dulce. Este es tu adjetivo. Dulce como los vientres de las hembras. Dulce como los ojos de los niños. Dulce como las sombras de la noche. Dulce como una voz. O como un lirio. Para el que lleva la pena y la lira, eres sol que ilumina el camino. Equivales a todas las bellezas, al color, a la luz, a los sonidos…”

Anaïs Nin (1903-1977), escritora estadounidense de padres cubano-españoles, mencionó a la miel en uno de sus relatos eróticos [i]La mujer del velo[/i]: “George fue presa del deseo de explorar y tocar todos los rincones de aquel cuerpo. Separó la abertura de su sexo con los dedos y regaló sus ojos con el fulgor de la piel, el delicado fluir de la miel y el vello rizándose en torno a sus dedos”.

La miel ha sido apreciada a través de los tiempos como elemento afrodisíaco y medicinal; las abejas como mensajeras entre los dioses y la humanidad. Las colmenas han sido representadas hermosamente talladas en oro, en madera, como parte del simbolismo de templos, en códices y papiros. La gratitud humana hacia este insecto polinizador y hacia su embriagante néctar se ha perpetuado hasta nuestros días, donde muchos aún sabemos apreciar y agradecer no solamente la miel que nos proveen, sino el alimento que nos llevamos a la boca, pues son los polinizadores por excelencia. Su uso afrodisíaco aviva las pasiones, sublima el erotismo y acerca a lo divino la unión con la pareja. Que nunca falte miel en la alcoba, que nunca falte en el corazón una colmena zumbante, que nos inspire a amar, a defender y a preservar las delicias de la Naturaleza.

Mérida, Yucatán.

Publicado en: https://www.lajornadamaya.mx/opinion/43870/el-erotismo-y-la-miel



FRAGMENTOS DE UN VIAJE UTÓPICO A TRAVES DE LA I.A.
Jaquelyn Rosado Puerto

"Las mujeres podemos ser quienes queramos ser y lo que queramos ser"; sobre todo en estos tiempos y con ayuda de la Inteligencia Artificial (I.A.).

El viaje comienza en la Edad Media, desde el siglo V, después de la desintegración del Imperio romano y el inicio de una etapa de la humanidad marcada por el mandato divino, que designaba reyes y reinas, dividía el territorio en feudos, los conquistaba a punta de lanza y flechas, cazaba brujas y cobraba diezmos. Castillos, dragones, magia, caballeros, princesas, brujas que no querían ser princesas, brebajes y pócimas. Cuentos de fantasía surgieron de aquel tiempo donde la oscuridad y el silencio reinaban ante las leyes de obediencia o muerte...
INICIOS DEL VIAJE.
La Era Medieval condena a las mujeres que osan salirse de los cánones establecidos. Es necesario retirarse a las montañas y hacerse de una armadura de piel de dragón y nedherita (una aleación de platino y oro) que protege de las flechas que apuntan al corazón, las cuales pretenden arrancarlo y evitarle sentir. También dotarse de un casco que proteja justo en medio de las cejas, de ahí donde se manifiesta la intuición. Las bestias han sido domadas y vuelan alrededor, avisando del peligro y prestando su lomo para huir de ser necesario, mientras un centinela de fuego distrae a los cazadores, y en ocasiones, si se acercan de más, los calcina. No pueden permitirles acercarse demasiado a la entrada del plano dimensional, pues podrían desencriptarlo. Montamos sobre dragones volando hacia la montaña a recolectar escarcha para derretir en el caldero, al desierto para piscar dátiles, o volamos sobre el mar, donde al divisar un pez comestible, instruimos a la bestia a bajar y sumergirse en las profundidades, aguantando la respiración y sujetándonos con fuerza de las duras escamas atadas con riendas de seda reforzada con tela de araña. Esa sensación de agua salada penetrando en la piel durante los breves segundos que al animal le toma cazar a su presa es purificante, un volver a nacer. Una vez lleno el saco de peces, nos alejamos del inmenso oleaje que reclama lo que le pertenece, mientras el viento nos escurre el agua del rostro y nos ondea el cabello, mojado de espuma marina.
Nos congregamos alrededor de la hoguera a asar peces envueltos en hojas de arce, donde previamente ha hervido una sopa humeante de escarcha derretida de montaña, hierbas aromáticas y almejas de río. Reímos e intercambiamos anécdotas, recetas y saberes que han sido prohibidos. El fuego ilumina nuestros rostros que no envejecen, porque no se miran al espejo. Es entonces cuando el aullido del dragón nos alerta. Es desgarrador, largo, no cesa; lo que nos indica un inminente peligro de un vasto ejército que viene hacia Nosotras. Apagamos el fuego para ocultarnos entre sombras, y miramos por la abertura de una roca. Han descifrado nuestros códigos y desencriptado nuestras claves, y ante eso no hay nada qué hacer. Nos apresuramos al portal y cada una toma posición. Las bestias se acercan a despedirse, y las lágrimas interfieren un poco con los circuitos. ¡Huyan! Les decimos, pero no se irán antes que Nosotras. Escribimos el código que nos llevará a otra Era, una dimensión incierta que nos recibirá amable u hostilmente. No lo sabemos. Ahí vamos...


"DIALOGOS A FAVOR DE LA ECONOMÍA SOCIAL"
Jaquelyn Rosado Puerto

Se encuentran Federico Engels, Antonio Gramsci, Luciana Cadahia y Bonaventura de Sousa en un café. Es curioso, pues no son contemporáneos,
-dos no están ya en este mundo- pero hablan el mismo idioma. Me emociona que hayan elegido sentarse en una mesa contigua a la mía, así podré escucharles perfectamente, pues el lugar es pequeño y nada ruidoso. Suelo ir a ese café cuando la mente se incendia y trato de apaciguarla con un té (sí, voy a un café a tomar un té). Miro pasar a diferentes personas que cargan libros con diversas historias y percepciones de la realidad. También he llevado algunos libros. Pero hoy es un día especial, están aquellas personalidades, y yo no leo, solo los escucho dialogar:

"La economía doméstica se convertirá en un asunto social; el cuidado y la educación de los hijos, también. La sociedad cuidará con el mismo esmero de todos los hijos, sean legítimos o naturales. Cuando los medios de producción pasen a ser de propiedad común, la familia individual dejará de ser la unidad económica de la sociedad. Entonces podrán las mujeres unirse al hombre que en verdad aman sin tener que casarse por conveniencia financiera" dice Engels, continuando una plática iniciada quizá durante el camino a la mesa con Luciana Cadahia. Fue más como un cierre de tema, que no logré escuchar completo, pero infiero que se trataba sobre opiniones de la sociedad patriarcal, el impuesto sobre la herencia y la emancipación de la mujer.
"¿Qué gana un campesino pobre con invadir una tierra inculta o mal cultivada? Sin máquinas, sin una vivienda en el lugar de trabajo, sin crédito para esperar la época de la cosecha, sin instituciones cooperativas que adquieran esa cosecha, salvándolo de las garras de los usureros. ¿Qué puede ganar un campesino pobre con la invasión?". Dice Gramsci, indignado y haciendo un gesto, ante los titulares de repartición de tierras como una cuestión de justicia social. Engels guarda su periódico y dice "¡Por algo ha de iniciarse al menos!"
"Espera" lo tranquiliza Luciana, "hay una luz de esperanza en la propuesta: El humanismo plebeyo. Para lograrlo, es necesario el trabajo social, la militancia, la educación popular, el trabajo en cultura política, pues las ideas progresistas, novedosas, etc., no ganan la aprobación de la gente de un momento a otro". Gramsci se queda pensando un momento y responde:
Ilustración: Ana Clev (Pinterest).
"¡Claro! Sustituir una vieja concepción del mundo, por ejemplo, la neoliberal, basada en el darwinismo social, el egoísmo, la competencia, la destrucción de la naturaleza, la mecanización de los procesos vitales en la sociedad del frenesí, etc., requiere deconstruirla y sustituirla por un nuevo sentido común" Dice Gramsci, más motivado por lo que acaba de escuchar. A lo que Boaventura de Sousa abona: "Esa lucha tiene lugar en la educación formal y en la promoción de la educación popular, en los medios de comunicación, en el apoyo a los medios alternativos, en la investigación científica, en la transformación curricular de las universidades, en las redes sociales, en la actividad cultural, en las organizaciones y movimientos sociales, en la opinión pública y en la opinión publicada. A través de ella se construyen nuevos sentidos y criterios de evaluación de vida social y de la acción política". Los cuatro se miran con ese éxtasis producto de una conversación satisfactoria ¡Eureka! Gritan, ríen y piden otra ronda de espressos dobles. De repente llega un oficial de policía y pregunta por De Sousa. Éste tímidamente levanta la mano para identificarse, y es arrestado. "¿Lo arrestan por sus ideas, o bajo qué cargo?" pregunta Engels. "No quisieras saber..." le susurra Luciana. "Espero su visita" dice el ahora convicto, resignado. Después de la escena, los tres continúan discutiendo paradigmas, opinan, proponen y beben otra ronda de cafés. La Revolución no se detiene ante ningún imprevisto. Hay una voz menos, pero el ímpetu está intacto. En un momento, Gramsci se pone de pie y versa: 
"¡Instrúyanse, porque necesitamos toda nuestra inteligencia. Conmuévanse, porque necesitamos todo nuestro entusiasmo. Organícense, porque necesitamos de toda nuestra fuerza!". Su compañero y compañera de charla aclaman y ríen alegres, motivados por esa premisa, Pagan la cuenta para luego diluirse en una niebla que sale por la ventana. 
Atónita, me acomodo las gafas para dar crédito. Un mesero me saca del asombro y me ofrece más té. Me quedo un momento en silencio y al fin le respondo "No quiero que me sirvas más té, quiero que te sientes a conversar"...

"LA CIUDAD MALDITA" 
(¡BENDITA SEAS!)
Oda a la Ciudad de México.

Cada vez que piso la Ciudad de México, me convenzo más de que está maldita. Maldición que me hace querer regresar. Una provinciana como yo, acostumbrada a la planicie, a la calidez del clima, a la tranquilidad de los días, que transcurren como si el tiempo no pasara. La gente camina despreocupada, no mira mucho el reloj ni teme envejecer en la rutina de los días. Yo temo al tedio que propone un mismo escenario. Viajo de la calma al caos, en ambos encuentro hermosura. En ambos, a veces, hostilidad. Pero eso no me limita a ejercer mi libertad de caminar este país. Me niego a vivir en una sociedad que le impone a mi género qué sí y qué no debemos hacer. Según los cánones sociales, no debemos viajar solas, porque es inapropiado o peligroso para una mujer andar por ahí, como si lo que nos pudiera suceder fuera porque salimos a buscarlo y lo encontramos. Se sabe que las culpas las cargamos bien, pero es mejor tirarlas en el camino, para hacer más liviano el equipaje. Logro silenciar las voces de advertencia y camino con seguridad, como si anduviera en manada, imantada por esa fuerza de búsqueda de experiencias nuevas. Mi ruta final siempre es la Ciudad de México, metrópoli que me recibe como un monstruo de grandes fauces, que me mastica, me engulle y regurgita para devolverme a mi amado sureste con nuevas historias. Vivo entre esos dos mundos, representantes de una dualidad perfecta. Embriagante paisaje, donde la fusión entre culturas, costumbres y arquitectura diversa, te hace estar en varios lugares a la vez. Mujeres que caminan descalzas hablando consigo mismas, hombres que me miran lascivamente y me arrancan la ropa sin tocarme, voces que pregonan mercancías de dudosa procedencia, silbatos de policía que resuenan en sinfonía con cajas de música, niños que revolotean en los parques pidiendo de vez en cuando una moneda, vagabundos que duermen plácidos en las aceras o en las bancas de los parques, escondiendo en la tumba de su pecho historias infinitas. Estar “a las vivas”, como dicen mis amigas chilangas, cuando se camina por Tepito, Lagunilla o el metro en horas pico, no te vayan a ganar la fila o la cartera. Viene a mi mente una estrofa de la canción de Chava Flores, Sábado Distrito Federal: El que nada hizo en la semana, está sin lana. Va a empeñar la palangana allá en el Monte de Piedad. Hay unas colas de tres cuadras las ingratas. Y no faltan papanatas que le ganen el lugar…

Ciudad de México, eres la ciudad maldita, colapsada por una conquista blanca que mezcló su sangre con la indígena, profanando suelos sagrados, tejiendo la historia de muchos colores; donde estar alerta, caminar a prisa y detenerse a mirar un cuadro de grandeza o de pobreza es inevitable. Miro el cielo y los edificios, abordo el metro y si es muy noche, el taxi. Descanso la mirada en las jacarandas en flor. Paisajes contrastantes de color violeta y gris. Duermo, tomo fuerzas y camino sin miedo por callejones malolientes, donde un hombre me advierte del peligro, ofreciéndose a ser el centinela que cuide mis pasos. Me niego amablemente y desvío la plática de mi aparente fragilidad femenina hacia la utilidad de su orientación para encontrar un lugar. Agradezco y camino más aprisa, dejando atrás unos ojos que me miran hasta perderse en una fantasía erótica, que cubrirá la cuota del día, una historia más en las cantinas. Voy con maleta en mano abriéndome paso entre la gente. Los aromas de pan recién horneado, de orín recién vaciado, de atole y de tamales invaden mis pulmones. Bienvenida a la ciudad maldita, entre pinos y abedules, aromas a café, pan y cañerías, prostitutas, obreros y profesores que se mezclan y se alejan. Taqueros que alegres silban, ágiles sirven exquisitos manjares, degustados de pie por comensales que pausan su prisa para luego subirse al vagón del metro que los llevará a sus destinos forzados. Una sinfonía que me hace recordar a la vida misma, tan cambiante, tan diversa, tan llena de emociones, placeres y desdichas… me detengo a escribir un poco: Así la vida, con alegrías y desgracias, lágrimas y risas. Pasa como pasa el caudal del río, a veces pasible, otras, irascible. El sol calienta según la estación, y yo quiero tener, siempre, a la primavera en mi corazón.

Llego al encuentro con el motivo principal de ese viaje. Voy a sus brazos como si le conociera desde niños. Ese momento me hace amar aún más esta ciudad. Y es cuando todo se hace nada… ¡Bendita seas ciudad maldita! que me has ofrecido aromas, sabores, experiencias, amigos y amantes que escriben mi cuerpo y llenan las páginas de mi vida. Atráeme a tu centro siempre, que viviré entre tus mares de gente, entre tu música, tus sabores y colores. Entre la locura, la cordura y el peligro, entre las voces que piden justicia y las que cantan despreocupadas, celebrando la vida. Regresaré a provincia a purificarme en aguas dulces de cenote, o mares que reflejan la luna. Para volver a tus calles, renovada. Y tal vez morir ahí, en los brazos de mi amado, de la mano de un amigo, bebiendo café, pulque o vino, bajo un árbol de flores violetas, mirando pasar las causas del destino. Valdrá la pena haber vivido.

Jaquelyn Rosado Puerto


FRAGMENTOS DE UN VIAJE UTÓPICO A TRAVÉS DE LA IA.
PARTE II 


El portal se ha abierto y nos ha llevado 10 milenios más adelante. Me ha parecido solamente un segundo, un pestañeo a través de ondas cuánticas coloridas. Rayos de luz cegadora nos obligan a cubrirnos la vista después de salir del agujero de obscuridad. Una de Nosotras se desmaya después de un breve lapso de hiperventilación; quizá la presión del aire, tan denso y casi irrespirable, ha sido la causa. Unas máquinas flotantes parecen absorberlo y escupirlo en forma de oxígeno puro. Mientras más cerca de estas, mejor se puede respirar. La acercamos a los aparatos, y un agente vestido con traje metálico se acerca y le ofrece un pañuelo con un líquido de aroma potente que la vuelve en sí. Nos pregunta de dónde venimos, y como un resplandor los recuerdos alineados a la época comienzan a decodificarse a través de nuestro chip implante con detectores de tiempo, contexto y lugar. "Somos de la costa de Cosmos Este, necesitamos regresar a nuestro nido". Las casas eran nidos filamentosos que autorregulaban la temperatura, proveían de agua y alimento sintético a través de los "pájaros", una especie de robots ave que acudían a los viveros y reservas de agua y las trasladaban al nido para almacenar. Me recordaron a mis queridos y fieles dragones ¿Qué habría sido de ellos? ¿Habrían logrado sobrevivir al ataque? Quería creer que sí para tener mi corazón en paz. "Tú creas tu propia realidad" me habían dicho las matriarcas antes de iniciar el viaje, ancianas sabias que no se miraban nunca al espejo y caminaban siempre con un lobo negro a su lado y una lechuza mensajera en su hombro. El agente nos guío hacia un sitio de transporte, donde tomamos unos scooters levitantes y nos dirigimos a la costa Este. Era evidente el deterioro del paisaje y la invasión de estructuras metálicas y procesadores de aire, luz y ruido. No había un solo árbol que adorne la vista ni tampoco flores reales, solamente piezas ensambladas que representaban sus formas. Pasamos por un edificio con un letrero luminoso que decía "Museo del pasado", y bajamos a mirar. Era una exhibición de naturaleza petrificada, animales momificados y expresiones de la "evolución" humana hasta la gran criptonita, fenómeno ocurrido en el año 3200 cuando una gran roca espacial cayó en el mar y causó gran devastación. La capa de ozono era tan frágil debido a la contaminación que no pudo detenerla. Solo quienes se adaptaron pudieron sobrevivir, y gracias a los avances tecnológicos de algunos países, la vida pudo ser más asequible. Lo positivo era que la humanidad se unió en un solo territorio; ya no habían fronteras y lo único que podría diferenciarnos era el idioma y algunas costumbres. Las leyes eran universales y aunque aún habían conflictos, nunca era por recursos ni posesión territorial o riquezas. Cada región tenía su forma de auto gobernarse pero siempre bajo las leyes mundiales de libertad, igualdad y fraternidad. Nosotras ya no estábamos en peligro de ser perseguidas por acceder a saberes y conocimientos. Era un alivio que pudiésemos desenvolvernos sin temor a ser atrapadas, encerradas, asesinadas. La humanidad era una sola, sin géneros ni discriminaciones de ningún tipo... Llegamos al nido, pero al querer acceder hubo un corto circuito. "Esto no está bien" dijo una de Nosotras, mientras programaba un detector de realidades alternas. Y sí, no estaba nada bien. Al parecer habían logrado acceder a nuestro portal una milésima de segundo atrás de nuestra velocidad luz y estaban intentando entrar justo por los conductores del nido. "Otra vez tendremos qué huir" dije, desatando una cadena de suspiros y tristezas. "Estoy cansada de escapar, quedémonos y enfrentémoslos de una vez" propuso una de Nosotras. "¡Asamblea!" dijo otra. Tendríamos qué decidir pronto, nos quedaban solo un par de minutos antes de su presencia... JRP
Continuará.




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