POESÍA Y ARTE. De mi autoría, y favoritas.
POESÍA Y ARTE. De mi autoría, y de mis favoritas.
SAINT-MICHEL
Dalton tuvo una clara conciencia izquierdista y revolucionaria desde sus tiempos universitarios que los llevaron a ingresar en el Partido Comunista Salvadoreño a los veintidós años. Su actividad literaria corrió paralela a la militancia revolucionaria y el reconocimiento de su valía como escritor coincidió a su vez con las primeras encarcelaciones. Formó parte de la llamada Generación comprometida, que reflejó en la novela Pobrecito poeta que era yo, publicada un año después de su muerte.
Roque Dalton perteneció al Círculo Literario Universitario (1956), junto a Manlio Argueta, Roberto Armijo, José Roberto Cea, Álvaro Menéndez Leal y Tirso Canales.Fue encarcelado en 1960 y liberado en octubre de ese año, al ser derrocado el presidente José María Lemus, por lo que se exilió a México, Checoslovaquia y Cuba.
Finalmente decidió volver clandestinamente a El Salvador para continuar la lucha pero fue asesinado por sus propios compañeros del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), la guerrilla a la cual pertenecía en ese momento, junto con el obrero Armando Arteaga, "Pancho", bajo la acusación de ser agente de la Central de Inteligencia de EE. UU., en una casa del barrio de Santa Anita, en San Salvador y también fue acusado de trabajar para la inteligencia cubana, todas las acusaciones fueron desmentidas después.
Entre 2005 y 2008 aparecieron los tres volúmenes de su Poesía completa, bajo el sello editorial de la estatal Dirección de Publicaciones de CONCULTURA, labor que fue dirigida por el ensayista salvadoreño Rafael Lara Martínez.
TOMADO DE: © Escritores.org. Contenido protegido. Más información: https://www.escritores.org/recursos-para-escritores/19593-copiasamo el amor, la vida, el dulce encanto
de las cosas, el paisaje
celeste de los días de enero.
También mi sangre bulle
y río por los ojos
que han conocido el brote de las lágrimas.
Creo que el mundo es bello,
que la poesía es como el pan, de todos.
Y que mis venas no terminan en mí
sino en la sangre unánime
de los que luchan por la vida,
el amor,
las cosas,
el paisaje y el pan,
la poesía de todos.
El folklore mexicano está colmado de tradiciones, colores e historias. Un conjunto de costumbres que llegaron o que ya estaban, una mezcla que dio como resultado la fusión que caracteriza hoy la identidad, que a su vez dentro del mismo país es muy diversa. Me atrevería a dividir el país en tres secciones que se caracterizan por tener usos y costumbres similares dentro de las mismas: NORTE, CENTRO y SUR-SURESTE. Desde los trajes típicos hasta la gastronomía, acento y costumbres son diferenciados entre estas tres regiones. Yucatán, mi Estado natal, tiene tradiciones diferentes a Jalisco o Hidalgo. Y así entre los Estados que conforman nuestra hermosa República. Hace poco, entré a una tienda de arte mexicano que tenía una pared adornada con máscaras. Me quedé fascinada mirando cada una, con esas expresiones que impactan a la vista, colores que alegran el ambiente y curiosidad despertando por saber la historia detrás de su origen. Guerrero es el Estado donde las máscaras tienen mayor relevancia cultural, son utilizadas en danzas, procesiones y fiestas. Le siguen Estado de México, Oaxaca, Puebla, Jalisco, Querétaro, Chiapas y Veracruz. Encontré un artículo en una página China, que me pareció -curiosamente- el más completo. Siendo que los chinos también tienen fascinación por las máscaras (recuerda los dragones y otros alebrijes del año nuevo chino). Un autor afamado mexicano escribió un libro sobre las máscaras (omito su nombre por mi lealtad hacia Elena). Las máscaras son, en el mundo y sus culturas, un símbolo de protección al alma desnuda. Pueden esconder tristezas con una gran y sarcástica sonrisa, deseos con asombro y horror, intenciones con misterio o ser atuendo de ilusiones por ser momentáneamente lo que soñamos. Transcribo un fragmento del artículo que encontré sobre las máscaras mexicanas, que desentraña su misticismo:
Mientras que las sociedades prehispánicas fabricaban máscaras principalmente con fines funerarios y rituales, con la llegada de los europeos y la Conquista los indígenas incorporaron a sus máscaras los nuevos dogmas religiosos del cristianismo, para garantizar de algún modo la continuación de sus propias creencias. Detrás de la máscara de un santo, o un demonio del imaginario católico europeo, el indígena mexicano resguardó su propia visión del mundo y le incorporó características únicas. De esta manera, la máscara cumplió por vía doble su función histórica: como objeto para la representación artística de una visión particular del mundo, y como resguardo que esconde una realidad detrás de otra.
¡Oh! Sí, sí; ¿no es verdad? Es que la hora
Ha llegado por fin tan esperada,
De levantar la frente que angustiada
Mustia y doliente se inclinara ayer.
Dejad la postración que tanto tiempo
La gloria y el saber os ha ocultado.
¡Oíd con atención! La hora ha llegado
De que ilustre también sea la mujer.
Dotada la mujer por el eterno
De nobles sentimientos como el hombre
Ambiciona también legar su nombre
Ilustre y grande a la futura edad.
Sí; ¿no es cierto queridas compañeras,
Que halagáis ese bello pensamiento?
Pues no esperemos más; llegó el momento
Proclamemos: Unión, fraternidad.






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